La diabetes tipo 1 está causada por una reacción autoinmunitaria en la que el sistema inmunitario del organismo ataca a las células beta del páncreas que
producen insulina. Como consecuencia, el cuerpo no produce insulina o la cantidad que produce no es suficiente. Aunque no se entienden totalmente las causas
de este proceso destructivo, una explicación probable es que la reacción autoinmunitaria se origine a raíz de la combinación de una sensibilidad genética (que se atribuye a una gran cantidad de genes) y un desencadenante ambiental, como una infección vírica. También se ha implicado a algunas toxinas o factores alimenticios.

La afección puede aparecer a cualquier edad, aunque la diabetes tipo 1 ocurre con más frecuencia en niños y en jóvenes. La diabetes tipo 1 es una de las enfermedades crónicas más comunes en la infancia, aunque también se detectan casos de diabetes tipo 2 en adolescentes, debido al incremento en los niveles sobrepeso y a la obesidad.

Las personas con diabetes tipo 1 necesitan inyecciones de insulina para mantener el nivel de glucosa dentro de los valores apropiados. Sin ellas, no sobrevivirían. No obstante, con el tratamiento apropiado de insulina diaria, un control regular de la glucosa en sangre, educación y apoyo, pueden llevar vidas saludables y retrasar o prevenir muchas de las complicaciones que se asocian con la diabetes.

Durante la primera infancia y la adolescencia, resulta muy difícil seguir un plan estructurado de autocontrol, que incluye la utilización de insulina, la monitorización de la glucosa en sangre, actividad física y una dieta saludable.

En muchos países, en particular en familias con pocos recursos económicos, el acceso a la insulina y a las herramientas de cuidado personal, incluida la educación estructurada en diabetes, son limitados. Esto puede llevar a una grave incapacidad y a una muerte prematura como consecuencia de las sustancias dañinas que se forman en el cuerpo, conocidas como “cuerpos cetónicos” (cetoacidosis diabética o CAD).

Vivir con diabetes tipo 1 sigue siendo un desafío tanto para el niño como para toda la familia, incluso en países con acceso diario a múltiples inyecciones o bombas de insulina, a la monitorización de la glucosa, a la educación estructurada en diabetes y a la atención médica especializada. Además de las graves complicaciones de la hipoglucemia (nivel excepcionalmente bajo de glucosa en sangre) y la CAD, un control metabólico inadecuado
puede causar un crecimiento deficiente y la aparición temprana de dificultades circulatorias (o “vasculares”).

Los síntomas característicos de la diabetes tipo 1 se indican en la Figura 1.2. En ocasiones, algunos síntomas clínicos clásicos, como la sed excesiva (polidipsia), la orina frecuente (poliuria) y la pérdida de peso no se presentan y, por lo tanto, el diagnóstico se puede retrasar o incluso pasar por alto.

Incluso en países con cobertura sanitaria universal (CSU), el diagnóstico de la diabetes tipo 1 puede retrasarse hasta el primer ingreso hospitalario por CAD, con resultados mortales en algunos casos.La incidencia de la diabetes tipo 1 aumenta en todo el mundo, pero varía considerablemente según el país, y
algunas regiones del mundo tienen mayor incidencia que otras. Los motivos no están claros, pero el rápido aumento conforme pasa el tiempo se debe a cambios
no genéticos, probablemente ambientales, y puede que relacionados con el estilo de vida,4 como el aumento de peso repentino o una alimentación inapropiada durante la infancia.

Published On: octubre 12th, 2020 / Categories: Diabetes /